La histórica casona de Francisco Beiró, ubicada en la esquina de Marcos Paz y Cantilo, en Villa Devoto, fue tapiada por personal del Gobierno de la Ciudad. La intervención busca impedir nuevas intrusiones y episodios de vandalismo en una propiedad que permanece abandonada desde hace años, acumula un importante deterioro y ya sufrió varios incendios.
La medida fue confirmada a Regionmetro por la Comuna 11, desde donde informaron que la colocación del vallado fue ordenada por el Gobierno porteño a partir de un pedido de los vecinos, con el acompañamiento de las autoridades comunales. El objetivo inmediato es evitar que personas ingresen al inmueble y prevenir nuevos incidentes mientras continúa sin definirse qué destino tendrá la construcción.
La intervención vuelve a poner en primer plano una preocupación que los habitantes de Villa Devoto sostienen desde hace tiempo: qué va a pasar con una de las propiedades vinculadas a la historia del barrio, que pese a contar con protección patrimonial continúa deteriorándose sin que se concrete un proyecto para su recuperación.
La casona perteneció a Francisco Beiró, dirigente de la Unión Cívica Radical que tuvo un papel importante en la historia política nacional y en el desarrollo de Villa Devoto. La vivienda, construida a comienzos del siglo XX, fue su residencia hasta su fallecimiento y posteriormente continuó habitada por integrantes de su familia.
En 2008, dos de sus nietas vendieron la propiedad a una reconocida firma inmobiliaria de la zona. Desde entonces, el inmueble quedó sin mantenimiento y comenzó un proceso de deterioro que modificó su estado original.
La posibilidad de demoler la construcción y desarrollar un nuevo emprendimiento inmobiliario generó preocupación entre los vecinos, que impulsaron distintas iniciativas para protegerla. El reclamo llegó a la Legislatura porteña, que sancionó una ley de protección patrimonial que impide su demolición y obliga a conservar sus características arquitectónicas.
La casona cuenta con protección estructural, una categoría que establece la conservación del exterior del edificio, su tipología y los elementos básicos que definen su forma y ocupación del espacio. Esto permite determinadas modificaciones, siempre que no alteren su volumen.
Sin embargo, para los vecinos, la protección legal no alcanza si no está acompañada por acciones concretas de mantenimiento y preservación. El temor es que el deterioro comprometa aún más las condiciones edilicias.
Francisco Beiró nació en Rosario del Tala, Entre Ríos, y desarrolló una extensa trayectoria política dentro del radicalismo. Estudió Derecho en la Universidad de Buenos Aires, donde obtuvo su doctorado en 1901, y ocupó distintos cargos públicos, entre ellos el de intendente interino de la Capital Federal y ministro del Interior.
En Villa Devoto tuvo una participación activa en el desarrollo de la zona. Entre otras iniciativas, impulsó el empedrado de calles y la instalación del alumbrado público, obras que contribuyeron al crecimiento de un barrio que por entonces comenzaba a consolidarse.
Su trayectoria política también lo llevó a acompañar a Hipólito Yrigoyen en la fórmula presidencial de 1928, aunque murió antes de asumir el cargo. Además, se le atribuye haber popularizado el uso de las boinas blancas como símbolo radical, cuando convocó a sus seguidores a concurrir con ese distintivo para reconocerse durante un acto político.
La vivienda que hoy permanece tapiada es, por lo tanto, parte de ese recorrido histórico y de la identidad que los vecinos buscan preservar.
La colocación de maderas y el cierre de los accesos representan una medida preventiva frente a los reiterados ingresos y hechos de vandalismo. En los comentarios que generó la intervención en las redes sociales de organizaciones barriales, los vecinos expresaron su preocupación por el estado de la propiedad y reclamaron que los responsables se hagan cargo de su conservación.
"Sería bueno que se presente la Comuna y pregunte si sabe de los dueños por qué después se meten gente y otra vez quilombo", planteó una vecina.
Otros habitantes cuestionaron que el Estado deba afrontar con recursos públicos tareas destinadas a resguardar una propiedad privada. "Si es de Jakim, que el Gobierno de la Ciudad le haga una factura por los gastos. Y que Jakim pague", escribió otro usuario. También hubo quienes reclamaron que la inmobiliaria se haga cargo de los daños y del mantenimiento.
La discusión refleja un malestar que excede el último incendio o la reciente colocación del vallado. Los vecinos quieren saber qué medidas se exigirán a los propietarios, si hubo intimaciones y sanciones por el abandono y, fundamentalmente, qué proyecto existe para recuperar la casona.
Desde hace años, una de las propuestas impulsadas en el ámbito barrial fue avanzar con la expropiación del inmueble para convertirlo en un museo o espacio cultural abierto a la comunidad. Esa alternativa no prosperó, mientras que la protección patrimonial sancionada por la Legislatura impidió que avanzara su demolición.