La necesidad de sumar espacios verdes en una Ciudad cada vez más densificada y con una creciente superficie de suelo ocupada por construcciones vuelve a instalarse en la agenda de la Legislatura porteña.
Un proyecto de ley impulsado por Mariano Pasi, vecino de Almagro e integrante del colectivo ambientalista Relieve, propone crear el Programa para la Generación de Espacios Verdes Públicos de Proximidad, con el objetivo de incorporar pequeñas plazas y reservas naturales en distintos barrios, priorizando aquellos sectores que presentan menor acceso a áreas verdes.
La iniciativa tiene también un antecedente concreto en el trabajo territorial que desarrolla Relieve, colectivo que impulsa la creación de una Micro Reserva Urbana en un predio abandonado ubicado en Acuña de Figueroa al 900, en Almagro. La propuesta busca recuperar ese terreno para convertirlo en un espacio de naturaleza urbana, con vegetación y condiciones que permitan preservar y favorecer la biodiversidad.
El proyecto legislativo busca darle aplicación concreta a los lineamientos previstos en el Código Urbanístico y establecer criterios para definir dónde deben generarse nuevos espacios, cómo financiarlos y qué condiciones ambientales deberán cumplir. El planteo parte de una problemática que atraviesa a distintos barrios: la distribución desigual de espacios verdes públicos, tanto en cantidad como en superficie disponible por habitante.
El proyecto incorpora la figura de los Espacios Verdes de Proximidad (EVP), definidos como áreas verdes públicas de hasta 1.000 metros cuadrados, destinadas principalmente a actividades recreativas, contemplativas y de contacto con la naturaleza. La propuesta establece dos modalidades diferenciadas: las Plazas de Bolsillo y las Micro Reservas Urbanas, con características y funciones ambientales específicas.
Las primeras deberán contar con un mínimo del 60% de suelo absorbente, con predominio de vegetación y arbolado. Podrán incorporar equipamientos como juegos infantiles, caniles, estaciones saludables y sectores de descanso con bancos y mesas, aunque no se admitirán usos complementarios.
La segunda categoría apunta a una función ambiental más específica. Las Micro Reservas Urbanas deberán conservar al menos el 70% de su superficie como suelo absorbente vegetado, preservar el arbolado existente e incorporar nuevas especies nativas. Su finalidad será conformar pequeños ambientes naturales donde la flora y la fauna puedan mantenerse y desarrollarse a lo largo del tiempo.
A diferencia de las plazas tradicionales, estas reservas tendrán sectores sin intervención y sin acceso público, concebidos como refugios naturales. El proyecto sostiene que estos espacios pueden cumplir funciones importantes para el equilibrio ambiental urbano, entre ellas favorecer el escurrimiento del agua de lluvia, reducir el riesgo hídrico, moderar las temperaturas durante los períodos de calor y contribuir a la recuperación de la biodiversidad.
También se plantea que las Micro Reservas funcionen como puntos de conexión entre espacios verdes de distinta escala, favoreciendo la conformación de biocorredores que permitan el desplazamiento de especies dentro del tejido urbano.
La propuesta incorpora además restricciones para evitar que estos espacios pierdan su finalidad pública y ambiental. En ese sentido, establece que no podrán otorgarse concesiones, cesiones, transferencias de dominio, tenencias precarias, permisos de uso ni cambios de destino sobre los Espacios Verdes de Proximidad.
Un mapa para determinar dónde hacen falta más espacios verdes
Uno de los aspectos centrales del proyecto es la metodología que propone para establecer en qué sectores de Buenos Aires deben crearse nuevas áreas verdes. El criterio busca dejar atrás una distribución basada exclusivamente en oportunidades de disponibilidad de terrenos y establecer prioridades a partir de las necesidades de cada barrio.
Para ello, toma como referencia la regla internacional conocida como 3-30-300, desarrollada por el investigador neerlandés Cecil Konijnendijk, que plantea, entre otros objetivos, que las personas puedan acceder a un espacio verde a no más de 300 metros de sus viviendas.
A partir de ese parámetro, se propone georreferenciar los parques, plazas, plazoletas, reservas ecológicas y ecoparques existentes que tengan al menos 180 metros cuadrados y establecer un área de cobertura de 300 metros alrededor de cada uno.
Las zonas que queden fuera de esa cobertura serán identificadas como Áreas Prioritarias cuando al menos el 51% de la superficie de sus radios censales no tenga acceso a esos espacios verdes. Luego, dentro de cada Comuna, se ordenarán los sectores según su densidad poblacional, con cinco niveles de prioridad: muy baja, baja, media, alta y muy alta.
De esta manera, los sectores con mayor concentración de habitantes y menor acceso a espacios verdes tendrán prioridad para la incorporación de nuevas superficies. Cuando las densidades poblacionales sean similares, también se considerarán otros factores, como el riesgo hídrico, la cercanía de establecimientos educativos y sanitarios y las propuestas surgidas de instancias de participación ciudadana convocadas por las Comunas.
Los resultados deberán plasmarse en mapas individuales por Comuna, que se actualizarán a medida que se incorporen nuevos espacios verdes o se modifiquen los radios censales utilizados por el INDEC.
Un fondo específico para comprar terrenos y construir nuevas plazas
Para garantizar los recursos necesarios, el proyecto plantea crear un Fondo de afectación específica para Espacios Verdes de Proximidad. Su financiamiento provendría del remanente neto de los ingresos obtenidos por la explotación del Sistema de Estacionamiento Regulado, una vez descontados sus costos directos de mantenimiento, partidas del Presupuesto General de la Ciudad y recursos provenientes de convenios urbanísticos, además de otros ingresos que puedan asignarse legalmente.
Los fondos podrán utilizarse exclusivamente para adquirir o expropiar inmuebles, financiar el diseño y la construcción de nuevos espacios verdes y reconvertir propiedades que pertenezcan al dominio privado de la Ciudad. El proyecto establece expresamente que esos recursos no podrán destinarse al mantenimiento de las áreas verdes.
La iniciativa también introduce modificaciones en el Código Urbanístico relacionadas con las construcciones linderas a estos espacios, particularmente en materia de balcones y fachadas, con el propósito de establecer condiciones específicas para las edificaciones que se encuentren junto a plazas, plazoletas, paseos públicos y nuevos espacios verdes de proximidad.
Entre los fundamentos de la propuesta se advierte sobre el avance de la superficie construida y la necesidad de acompañar el crecimiento urbano con una mayor disponibilidad de suelo absorbente y vegetación. Como ejemplo, se menciona que desde 2019 el barrio de Almagro recibió más de 170 permisos para obras nuevas, equivalentes a una superficie registrada de 462.000 metros cuadrados.
El planteo sostiene que el ritmo de incorporación de espacios verdes públicos resulta inferior al de la expansión constructiva y que resulta necesario considerar estas áreas no solamente como lugares de recreación, sino también como elementos centrales de la planificación urbana.
La vegetación y el arbolado contribuyen a reducir las temperaturas, mejorar la absorción del agua de lluvia, filtrar partículas contaminantes y amortiguar el ruido. A su vez, los espacios naturales ofrecen beneficios para la salud física y mental, favorecen la actividad al aire libre y generan ámbitos de encuentro e integración entre vecinos de distintas edades.
En ese contexto, el proyecto busca que las pequeñas superficies verdes también tengan un papel dentro de la planificación ambiental de Buenos Aires. No se trata solamente de sumar plazas, sino de incorporar pequeños refugios de biodiversidad y suelo absorbente en zonas donde la densidad edilicia y la falta de terrenos disponibles dificultan la generación de grandes parques.