En un mundo en el que los turistas buscan, cada vez más, nuevas y originales experiencias, el enoturismo gana protagonismo como una de las principales herramientas para diversificar los ingresos de las bodegas y fortalecer el vínculo entre los visitantes y la cultura del vino.
En Mendoza, este fenómeno se refleja en una oferta cada vez más amplia y profesionalizada, que convierte a la provincia en uno de los destinos enoturísticos más importantes de América Latina.
De acuerdo con un estudio de ONU Turismo, hacia fines de 2025, cerca de 25 % de los ingresos de las bodegas del mundo provenían de las actividades vinculadas al enoturismo, proporción que continúa creciendo a medida que los viajeros buscan experiencias auténticas, personalizadas y de mayor contacto con los territorios productivos.
La provincia de Mendoza es un claro ejemplo de esta evolución. Con cerca de 900 bodegas, de las cuales más de 230 reciben visitantes, el destino ha desarrollado una de las redes de enoturismo más extensas de la región. Las tradicionales visitas guiadas, degustaciones y recorridos por viñedos hoy conviven con propuestas gastronómicas de alto nivel, experiencias de bienestar, espectáculos culturales, alojamientos entre viñas y actividades especialmente diseñadas para distintos perfiles de público.
Uno de los establecimientos que refleja esta transformación es Bodega Sottano, ubicada en Luján de Cuyo, donde el turismo se ha convertido en un eje estratégico de desarrollo. Además de las visitas enológicas tradicionales, la bodega ofrece propuestas gastronómicas, espectáculos y espacios pensados para generar experiencias diferenciales que complementan la producción vitivinícola.
Desde la bodega también destacan el crecimiento del segmento corporativo, integrado por empresas que eligen los viñedos mendocinos para realizar reuniones de trabajo, jornadas de integración, lanzamientos de productos, capacitaciones o celebraciones institucionales.
«Si bien las empresas vienen a nuestra bodega a trabajar, toda la parte lúdica y de aprendizaje que tiene la producción de vino es un poco lo que demandan para tener un ambiente más descontracturado», explicó Berenice Poeta, responsable de Turismo Corporativo de Bodega Sottano.
Por su parte, Adriana Ridois, encargada de Turismo Enológico del establecimiento, señaló que «es un orgullo recibir premios y reconocimientos por nuestro trabajo, y los turistas son nuestros embajadores de marca porque son quienes nos recomiendan apenas salen de acá».
El crecimiento del enoturismo responde también a un cambio en las preferencias de los viajeros, que buscan conocer el origen de los productos, dialogar con sus elaboradores y vivir experiencias que trasciendan la simple degustación. La posibilidad de recorrer viñedos, compartir la gastronomía local, participar en actividades culturales o incluso hospedarse dentro de una bodega genera mayor valor agregado tanto para el visitante como para los productores.
En este escenario, el caso de Bodega Sottano representa solo uno de los numerosos ejemplos que pueden encontrarse a lo largo y ancho de Mendoza, donde cada vez más establecimientos invierten en infraestructura, capacitación y en nuevas propuestas para diversificar su oferta y consolidar al vino como una experiencia turística integral.