A un año del fallecimiento de Papa Francisco, ocurrido el 21 de abril de 2025, distintos puntos del Área Metropolitana de Buenos Aires lo recuerdan con intervenciones artísticas que buscan mantener vigente su legado espiritual, social y cultural. Desde un mural al aire libre en el sur del conurbano hasta una obra en mosaico en el subte porteño, las iniciativas reflejan la cercanía que supo construir con la comunidad.
En el partido bonaerense de Almirante Brown, el Municipio puso en valor el mural “Homenaje al Papa Francisco”, ubicado en la Plazoleta del Bombero, en Rafael Calzada. La obra, realizada por artistas locales, presenta la figura del Sumo Pontífice acompañada por palomas blancas y un cielo con los colores de la bandera argentina.
Entre los elementos más destacados, se incluyen frases emblemáticas como “Hagan lío”, una de las expresiones con las que Francisco interpeló a los jóvenes a comprometerse con la realidad social. El mural forma parte de un programa de embellecimiento urbano impulsado por el Instituto de las Culturas local y busca consolidarse como un espacio de memoria colectiva.
El intendente Mariano Cascallares subrayó el impacto del Papa en la comunidad y destacó que su legado “es una Iglesia de puertas abiertas, más inclusiva y centrada en los más necesitados”, al tiempo que remarcó el cariño que despierta su figura en el distrito.
En paralelo, la Ciudad de Buenos Aires también suma su propio homenaje. En la estación San José de Flores de la Línea A —un sitio clave en la vida de Bergoglio—, Subterráneos de Buenos Aires inauguró un mural de la artista Nora Iniesta.
La obra, titulada “Homenaje”, está realizada en mosaico veneciano y se emplaza en el acceso vinculado a la Basílica de San José de Flores, lugar donde el joven Bergoglio descubrió su vocación religiosa. Con una dimensión de 1,70 por 2,54 metros, la pieza propone un recorrido simbólico que conecta la espiritualidad del sitio con el tránsito cotidiano de miles de usuarios.
Desde la empresa estatal destacaron la elección del lugar por su carga histórica y afectiva: el barrio de la infancia del Papa y un espacio que remite a su vida antes del Vaticano. La obra fue bendecida durante el acto inaugural, reforzando su carácter conmemorativo.