Bajo
la redacción de una carta de opinión, la ministra de Educación porteña, Soledad
Acuña aseguró que los dichos de Gustavo Cordera “merecen el repudio y un
llamado a la reflexión” dado que “en la Argentina una mujer muere cada treinta
horas. Muchas son golpeadas, violadas
asesinadas y luego descartadas como basura”.
“Una
figura pública debe ser consciente del impacto de sus actos y de sus palabras.
Un cantante de rock al que admiran y siguen miles de jóvenes en la argentina
debe ser consciente de la responsabilidad que implica su rol social: aunque su
objetivo no sea ´educar´ a los jóvenes, sus
conductas y su discurso atraviesan su formación como sujetos y como ciudadanos”,
advierte.
Y
sostiene: “Cordera es padre y también es esposo, es un hombre de más de 50 años
con mucho rodaje en el mundo de la música, ha dado cientos y miles de
entrevistas a distintos medios de comunicación promocionando su obra, conoce
bien las reglas del juego por lo cual no podemos aceptarle ni permitirle que se
excuse diciendo que no fue lo que quiso decir o simplemente que ´me mande una
cagada´”.
“Decir que el impedimento de mantener relaciones
sexuales con menores de edad es ´una aberración de la ley´ o que ´una mujer necesita ser violada´ para
justificar la violencia machista que produce un sistema social desigual y
opresivo para las mujeres es no solo irresponsable si no también una apología
de un delito aberrante”, remarca.
“Este
discurso culpabiliza a la víctima en lugar de poner el acento en aquellos
hombres que se apropian de los cuerpos de las mujeres como si las mujeres
fueran objetos”, expresa y destaca que “las marchas nacionales masivas #Ni UNA
MENOS visibilizaron la problemática de la violencia machista que golpea, viola
y mata”.
“Manifestarnos contra los dichos de Cordera es
una forma de educar. Porque si no denunciamos o ponemos en evidencia este
discurso machista ¿Qué le estamos enseñando a nuestros niños, niñas y jóvenes?
¿Que ser una figura pública nos habilita a decir cualquier cosa porque la fama
goza de impunidad? O en verdad queremos que aprendan que cuando uno dice “no”
es “no”, a cuidar sus cuerpos y el de
los/as otros/as, a respetarnos como
sujetos y acompañarnos a desarmar el entramado social que nos oprime en base al
género”, concluye.